Muy queridos míos:
He logrado vencer la pereza y la inconexión cibernética y he repasado los comentarios que se han hecho últimamente.
Debo reconocer que estamos algo tardos en el intercambio informativo, pero más vale tarde que nunca, especialmente en esta temporada en que tanto acontecimiento venturoso ha tenido lugar en el pueblo.
Afortunadamente, ha habido nuevas incorporaciones al Foro, a todas las cuales doy mi calurosa bienvenida y recibo con sumo afecto.
Por no hacer muy larga esta carta, procuraré ir al grano, deteniéndome en uno de los comentarios que más me ha llamado la atención, por ser su contenido no sólo interesante, sino de gran profundidad y extraordinariamente delicado. Me refiero al que firma mi buen amigo Werkol en relación con los símbolos religiosos y con el aborto.
Dice Werkol que le parecen asuntos de interés y discutibles y no puedo estar más de acuerdo con esa afirmación, de modo que, con el debido respeto, aventuraré mi opinión al respecto ciñéndola, por hoy, al aborto, que no es cosa menor.
Para empezar, debo confesar que admiro la seguridad y plena ausencia de duda que manifiesta nuestro amigo en su escrito sobre materia tan espinosa como esta y admito que no es mi caso. Me asaltan toda suerte de dudas cuando se habla de algo tan conflictivo como el aborto. Paso a exponer algunas de ellas:
La primera se refiere al lenguaje. Parece que la (si Dios no lo remedia) futura ley alude al aborto como “interrupción voluntaria del embarazo”. Y me pregunto: si, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua sólo puede interrumpirse lo que se puede reanudar, ¿cómo puede interrumpirse un embarazo?¿Y cómo se reanuda después de interrumpido? No encuentro respuestas a esta preguntas, pero me temo que con ese juego de palabras se intenta disfrazar, con la sacarina de lo políticamente correcto, la amarga consecuencia de esa interrupción, consistente en dar muerte al concebido y no nacido. Ocurre que, dicho con esa crudeza, uno cae en la cuenta de que, para interrumpir el embarazo, tiene que matar a otro y, quizá, no resulte ya tan inofensiva esa interrupción.
La segunda duda que me atenaza tiene relación con el principio que fundamenta la opinión de mi amigo Werkol: “nosotras parimos, nosotras decidimos.” Si aceptamos ese razonamiento, ¿por qué no anticipamos la capacidad de decidir y la retrotraemos al hombre, dueño de su semen, para que decida qué embarazos se deben llevar a término? En otras palabras: NOSOTROS PREÑAMOS, NOSOTROS DECIDIMOS.
Estoy seguro de que, como a mí, este razonamiento le parecerá absurdo a nuestro amigo, porque cosifica y reduce a la mujer a una mera cooperadora necesaria en la reproducción humana, pero ese es, justo, el papel que tu afirmación (que es la del movimiento abortista) reserva al hombre: el del torito bravo de El Fary, “...nasío pa sementá...” (Perdonadme la frivolidad, pero ya me conocéis.)
Afirmas, también, que a ninguna mujer le es grato abortar y que ninguna va a la clínica como quien va a la tienda. Y estoy de acuerdo. Pero me gustaría que razonaras esta afirmación, porque ahí está la clave de este asunto: si abortar es como “...ponerse tetas...” según comparación hecha por la Señorita Aído, no hay nada que decir, pero, ¿lo es? Espero tu respuesta.
También dices que la mujer que aborta lo hace por necesidad. ¿Qué necesidad? ¿La suya o la del feto? Porque si es la de la madre, siempre será de menor entidad que la del que viene a quien, de golpe, se le quitan todas las necesidades porque se desatiende a la fundamental: VIVIR. También te pido que aclares esta afirmación.
En otra parte de tu comentario te refieres a que algunas organizaciones provida y algún partido político como el PP sacan a pasear a sus bases, cada cierto tiempo, como quien saca al perro a que se alivie en la calle (esto lo añado yo) para defender, hipócritamente, sus principios. Confieso que me sorprende esta aseveración tuya, sobre todo porque procede de una persona de hondas convicciones democráticas como tú. Y esto no lo digo por decir, sino porque he tenido ocasión de comprobarlo en nuestras largas charlas políticas mientras esperábamos pacientemente a que los votantes se acercaran a ejercer su derecho al voto en la mesa electoral de que ambos formábamos parte en nuestro pueblo, actuando tú en calidad de Apoderado, precisamente, del Partido Popular. Esta circunstancia, unida a tu condición de candidato a concejal por esa misma formación política en las últimas elecciones municipales, me sumen en la confusión y me hacen incomprensibles las denostaciones que lanzas contra ese partido al que representas, cuya opinión sobre el aborto no ha variado un ápice y ya era conocida cuando decidiste tu participación activa en su favor. Por eso y sin ánimo de ofender, te diré que echo de menos algo de congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, como la que muestra la Iglesia en este asunto, cuya postura es, según manifestó recientemente la Vicepresidente del Gobierno, Mª Teresa Fernández de la Vega, plenamente consecuente desde el principio, otra cosa es que la comparta.
Por otra parte, estoy convencido de que se te ha ido la mano con esta afirmación y que ambos pensamos que los que se manifiestan en la calle a favor de la vida, acertados o equivocados, tienen tanto derecho como cualquiera a decir lo que piensan y a convertir sus aspiraciones en realidad, sin que ello perjudique ningún derecho de nadie.
Te preguntas si la ley atenta contra la vida y te respondes que no. Convengo en que la ley, por sí sola, no atenta contra la vida, pero no por la peculiar explicación que expones, (según la cual podría matarse, también, a un niño de dos meses, porque depende de otros para vivir y no es un ser autónomo) sino porque quien atenta contra la vida es quien se salta la ley y practica un aborto no despenalizado. Dicho de otro modo, quien practique un aborto fuera de los supuestos EXCEPCIONALES que la ley contempla, comete un delito porque mata al concebido y no nacido, cuyo derecho a nacer y vivir es anterior a la Constitución que lo reconoce y ampara y así lo dice, en reiterada jurisprudencia, el Tribunal Constitucional. Debo, además recordarte que, una vez aprobada la nueva ley, el aborto segurá siendo delito en España y se cometerá si se exceden los límites temporales que establece. Por lo tanto y en contra de la propaganda favorable a la reforma de la ley, segurá habiendo mujeres que puedan ir a la cárcel por abortar. Me pregunto de nuevo: ¿dónde está el avance social?
Afirmas también que un feto no tiene el cerebro desarrollado (aunque ese problema no sea privativo de los fetos) y que, siguiendo tu forma de razonar, es eliminable. Vuelve a surgir una pregunta: ¿podemos matar a una persona de 20 años cuyo cerebro no ha podido desarrollarse plenamente por causa de una enfermedad? De nuevo, la duda me aterra.
Para terminar, dices que la ley actual es un coladero y estoy de acuerdo en eso, pero habría que preguntarse, por ejemplo, si tienen qué ver en ello los dictámenes psicológicos que extienden algunas clínicas abortistas (que hacen negocio practicando los abortos) para acreditar que el embarazo que se interrumpe afecta negativamente a la salud psíquica de la madre si sigue su curso. Conste que no afirmo que se estén extendiendo certificados falsos o cosa parecida, pero la duda es inevitable.
En relación con las demás preguntas que te haces te diré que también a mí me desazonan pero, por abreviar, sólo contestaré a una de ellas: en la España del siglo XXI, que forma parte del Primer Mundo, Cáritas Española está dando de comer, diariamente, a UN MILLÓN de personas y, de esto, nada dicen los medios de comunicación.
No quisiera despedirme sin agradecerte que excites el debate sobre cosas tan decisivas en la vida, porque nos ayudan a pensar y a plantearnos lo que verdaderamente es importante.
Un abrazo para todos.
Moncho.
Saludos cordiales. Y bebed vino (si vais a donar sangre.)
No sé...no sé querido Moncho
No sé...no sé querido Moncho por qué te resultan contradictorias algunas de las "opiniones y/o aseveraciones" que desgrana el amigo Werkol en su escrito...Yo no pondría la mano en el fuego de que sea "cosecha propia", es que se le suele olvidar poner el autor de los artículos que copia. De ahí algunas de las incongruencias que mencionas tu que lo conoces, y no lo "reconoces" en el escrito de marras...
Tener la conciencia límpia, es síntoma de mala memoria. Les Luthiers